El cielo de la bahía de Palma se llenó de miles de luces de diversos colores. Luces que se elevaban, a veces saliendo de la tierra, a veces del mar, que ascendían, y que al alcanzar el punto más alto, caían. O que una vez arriba estallaban creando nuevas luces que a su vez se expandían formando mil dibujos.
Fue un espectáculo que duró cerca de media hora. Un castillo de fuegos artificiales impresionante, que se inició con una batucada pirotécnica - lástima que no se escuchara desde todos lo sitios- y que terminó con cerca de cuatro minutos de apoteósis sonido-luz.
Sí, fue el mejor cierre para unas fiestas de Sant Sebastià . -->
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